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Regreso al mundo perdido
El documental "Regreso a Fortín Olmos" se exhibió como película invitada durante la decimosexta edición del FLVR

Por Leandro Arteaga
(Nota publicada en la primera edición de El 16, periódico del 16º FLVR)
Hay una doble vuelta al ruedo, por decirlo de algún modo, en "Regreso a Fortín Olmos". Por un lado, respecto de los mismos protagonistas –sea a través de la visita, el recuerdo o el testimonio-; por el otro, en cuanto a los mismos realizadores.
Porque el film es una revisión personal, estética, histórica, acerca de los hechos ocurridos en la localidad santafesina de Fortín Olmos entre los años 1960 y 1975, donde un grupo de militantes sociales, profesionales y católicos hicieron frente desde la tarea grupal y solidaria a las condiciones de explotación a las que estaban sometidos los hacheros. La Forestal obraba, hasta la llegada de esta gente, de un modo impune y, lamentablemente también para la posteridad, garantido por el mismo Estado de facto y su policía.
Esta tarea no era desconocida para los realizadores Patricio Coll y Jorge Goldenberg, que en 1966 rodaron junto con Luis Zanger y Hugo Bonomo el film "Hachero nomás", a partir del cual trabaron conocimiento con el grupo y su cooperativa de trabajo. Es esta cooperativa la que permitió a los trabajadores conocer gradualmente sus derechos, obtener un mínimo de atención médica, y luchar por la posesión legítima de sus tierras.
El film se desenreda como un prisma de aristas múltiples. La experiencia de este grupo –gestado para unos de un modo conciente y, para otros, por azar del destino- no sólo hirió las intenciones patronales de La Forestal –lo que no le impidió, convengamos, aniquilar hasta el último quebracho y los puestos de trabajo-, sino que conmovió y generó discordias y persecuciones. Quizá uno de los hallazgos incómodos del film consista en escuchar las palabras de la anciana maestra del lugar, peronista y principal escollo de la cooperativa. Aún guarda para la cámara su empecinamiento vencedor, su alerta ante el marxismo demoníaco que ayudó a dispersar, obra de –vaya paradojas las de este film- curas tercermundistas. De igual manera, militantes de Montoneros quisieron hacer suya esta gesta solidaria, mientras los protagonistas verdaderos nada querían de ellos ni de nadie similar (si exceptuamos una historia particular, que siguió un derrotero individual y ya no grupal). Como si la tarea de la cooperativa fuese un hiato entre frentes en pugna, cegados por una neblina de odios o por destinos históricos que olvidaban la miseria que el trabajador respiraba.
De esta manera, "Regreso a Fortín Olmos" propone un relato que se desarma y rearma. Sus testimonios permiten reconstruir aquello que el tiempo quisiera olvidar, mientras se subdivide en capítulos que desmenuzan tantas partes como fueran necesarias. La visita al Fortín Olmos actual se sintetiza en las palabras de uno de sus principales protagonistas: “cuna de la miseria”. Miseria que persiste, con ecos de una justicia que, aunque ideal, no dejó de ser posible, más el ejercicio de la memoria como vínculo social, aleteo que atraviesa todo el film de Patricio Coll y Jorge Goldenberg.
Patricio Coll y Jorge Goldenberg
DOCUMENTAL – 2008 – ARGENTINA – 104'
Regreso a Fortín Olmos reconstruye la experiencia de promoción social que, entre 1960 y 1975, fuera llevada a cabo por sacerdotes obreros y católicos laicos provenientes de las ciudades entre los explotados hacheros de los montes del noreste argentino.



